No más fiestas desbocadas ante las ventanas de las residencias de ancianos. Es la solicitud formal que el centro asistido de Gràcia ha decidido trasladar al Ayuntamiento y que también apoyará el geriátrico Salus. Ambas instalaciones acogen unas 160 personas cuyas habitaciones dan a la plaza del Poble Romaní, donde ayer se registró la tercera madrugada de trifulcas entre los Mossos d'Esquadra y los juerguistas que alargan la Fiesta Mayor del barrio hasta las seis de la mañana.
"Siempre habíamos soportado el ruido pero es exagerado permitir esta fiesta aquí. El Ayuntamiento debe tomar medidas", detalló un responsable del centro de ancianos, de titularidad pública. Éste ha acordado emprender los trámites para instar al consistorio a tener en cuenta los geriátricos en próximas ediciones de las fiestas. No entienden que la plaza Rius i Taulet quede desalojada a las cuatro de la mañana mientras en Romaní, donde se asiste a ancianos enfermos o de salud delicada, se consienta el follón y el alboroto hasta la salida del sol.
"Tenemos decenas de pacientes muy frágiles", añadió la dirección de Salus. "Es increíble que el Ayuntamiento lo ignore". Así es: según afirmó el consistorio, el dispositivo de los desalojos se diseña a diario por los Mossos con la colaboración municipal. Por el momento nadie ha reparado en que el tramo final, el de la fiesta más tardía y conflictiva por acumular a los asistentes más tenaces, queda junto a los geriátricos.
Los centros de ancianos acusaron anoche más problemas que en jornadas anteriores. Pasadas las cuatro de la madrugada el teléfono despertó al director del Salus: los empleados no tenían manos para cubrir las necesidades de los pacientes. "Estuvimos al borde del colapso", señalaron varios trabajadores. Los Mossos, en cambio, tuvieron menos problemas.